Perdidos en el bosque

Entonces me puse a andar horas enteras, cada vez más cansado y nervioso, casi hasta el crepúsculo: y ya pensaba que aunque los amigos hubiesen salido en mi busca no podrían encontrarme.
Primo Levi, La tregua

Una vez, Primo Levi se perdió en un bosque en Rusia, según cuenta en La tregua. Concluida la Segunda Guerra Mundial, estaba alojado en un campo de refugiados en territorio ruso a la espera de que lo movilizaran para regresar a su casa. Habían pasado ya algunos meses desde la liberación de Auschwitz, y había ganado peso y salud, pero moderadamente: muchos meses más tarde, cuando por fin llegó a su casa en Turín, su madre, que abrió la puerta, no lo reconoció.

Entonces Levi está dando un paseo por el bosque, hasta que decide volver al campamento. Duda: ¿cuál es el camino? Toma una dirección, pero no está seguro. ¿No se estará alejando? Mira a su alrededor, y nada le indica la senda correcta. Con un leve pálpito, reconoce ante sí mismo que se ha perdido, y que no sabe volver. Observa la luz vespertina bajar y suda: ¿ha sobrevivido al Holocausto para morir estúpidamente de frío perdido en un bosque ruso? Primo Levi pertenece al afortunado cinco por ciento de prisioneros que entró en el trístemente célebre campo de concentración nazi polaco y salió con vida. ¿Cómo puede el destino reírse de él con tanta crueldad? ¿Ha esquivado a la muerte por hambre, por agotamiento, al suicidio, al asesinato, a las cámaras de gas, al trabajo forzado y a la escarlatina para perecer miserablemente en ese bosque? No, no: Levi acaba encontrando el camino al campamento.

Algo parecido le ocurre a la escritora y artista iraní Marjane Satrapi en Persépolis. De adolescente, su familia la manda a estudiar a Viena para alejarla del conflicto y la violencia en Irán. Allí, se enamora y, oh sorpresa, la cosa no sale bien: su novio la engaña con otra chica. Satrapi, con el corazón roto por primera vez en la vida y lejos de todos sus seres queridos, cae en una depresión que la lleva a vivir en la calle. Acaba ingresada en el hospital con una pulmonía grave, y se pregunta: ¿he sobrevivido a la guerra para morir por un chico que me ha engañado? Satrapi, como Levi, acaba saliendo de su propio bosque, rumbo también a casa.

Os cuento estas dos historias porque quizás alguno de vosotros/as esté perdido en el bosque ahora mismo. Habéis sobrevivido, como todo el mundo, a tragedias personales más grandes o pequeñas: habéis sobrevivido, por ejemplo, al acoso escolar, al abuso sexual, al maltrato, a una relación tóxica, a la soledad, al fracaso, a la enfermedad (mental), al divorcio, a la pérdida irremediable y temprana de un ser querido… Se os han quemado cosas en el fuego, y seguisteis adelante. Y con esto os quiero decir que, aunque estéis perdidos hoy en el bosque, pronto reconoceréis el camino de vuelta a casa (o, al menos, a un campamento temporal), porque, como Levi y como Satrapi habéis sobrevivido a peores lances y, como ellos, sobreviréis a más.

Foto: es una imagen de Persépolis. La mujer que aparece en ella es la propia Satrapi, retratada por sí misma.

 

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