Sobre la decencia

Ha muerto el senador republicanos de los Estados Unidos John McCain, que bien podríamos definir como un viejo muy carca. John McCain se ganó, si no la simpatía, imposible en ciertas lides políticas, el respeto se muchos de sus oponentes en el ámbito de la cosa pública en Estados Unidos, porque era lo que podemos llamar un tipo decente. Decente no como el vecino que siempre daba las buenas tardes y luego va y mata a su mujer y sus hijos (ups), sino decente de verdad, en el sentido más profundo de la palabra.

Para demostrarlo voy a contar una anécdota real de la juventud de McCain. El por entonces futuro senador combatió en la guerra de Vietnam como piloto. Un día, su avión es derribado sobre una plaza de Hanoi. Al estrellarse, se rompe ambos brazos y queda a merced de una multitud que (tampoco se le puede reprochar) lo lincha, hasta que es arrestado como prisionero de guerra.

McCain va entonces a la prisión mitilar y su celda es del tamaño de un cajón grande. No recibe asistencia médica y los huesos de los brazos se le sueldan de aquella manera, de modo que nunca más en su vida sería capaz de elevarlos por encima de su cabeza. McCain está allí, convaleciente y sin apenas poder moverse en una especie de ataúd en una prisión militar de mala muerte a un mundo de distancia de su casa. Entonces llegan buenas noticias: el ejército vietnamita ha negociado su liberación con el ejército estadounidense. McCain pertenece a una familia importante, de modo que los vietnamitas lo han aprovechado para acordar su liberación a cambio de la de otro preso de los suyos.

Se lo comunican a McCain, que, os recuerdo, estaba con los brazos a medio soldar, sufriendo graves dolores y encerrado en un espacio menor que el del armario de la mayoría de nosotros. Y este dice que se niega a salir libre. Los estatutos del ejército de los Estados Unidos especifican que los presos de guerra se liberarán en riguroso orden de captura, y McCain reclama que se cumpla la normativa y sea liberado el preso al que le corresponda y no él.

Esto es: McCain rechaza subirse a un avión, recibir ayuda médica, volver a casa, acostarse en su cama, las sábanas limpias, la ropa limpia, la sabrosa comida casera… No a todo eso. McCain se mantiene firme en su convicción y acaba pasando dos años confinado en ese cajón.

Y a esto es a lo que yo me refiero cuando uso el adjetivo decente. La anécdota la he sacado del apasionante artículo de David Fostr Wallace “Up, Simba!”, que se publicó en el 2000 en la revista Rolling Stone, y que se puede leer en español traducido como “¡Arriba, Simba!” en el volumen Hablemos de langostas, que compila diversos artículos periodísticos del autor norteamericano y que va editado por el sello Random House. Este artículo no solo ofrece un retrato fascinante del por aquel entonces candidato a la presidencia de los Estados Unidos, sino que es el homenaje más bello a la profesión del periodista que he leído nunca.

Foto: es una imagen de la película The End of the Tour (James Ponsoldt, 2015). Aparecen en ella los actores Jesse Eisenberg (a la izquierda) y Jason Segel (a la derecha), interpretando respectivamente a un periodista y aspirante a escritor y al recientemente consagrado como novelista gracias al fulminante éxito de La broma infinita David Foster Wallace.

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